Los casos en los que se condena de forma sistemática a un profesional de determinado sector no se restringen solamente al caso de los marinos mercantes, si no que es una práctica inherente y habitual en la mayoría de paises.
Las respuestas a los errores cometidos por profesionales (como los debidos a la mala administración de medicamentos, los debidos a errores en el manejo de maquinaria pesada, pilotaje, etc. u otros errores que se cometen en la ejecución normal de las funciones profesionales) incluyen cada vez más el enjuiciamiento de los mismos según las leyes penales locales. De hecho, el enjuiciamiento penal se ha convertido en una respuesta automática y habitual ante la muerte accidental, el riego de muerte o la contaminación accidental del medio ambiente en muchos países. Estas respuestas a menudo son consideradas por los profesionales de dichos sectores como injustas, innecesarias, intrusivas y de "mano dura", así como perjudiciales para las iniciativas de seguridad destinadas a aumentar la divulgación honesta y el libre flujo de información sobre seguridad.
Los profesionales de la mayoría de los sectores críticos para el funcionamiento de nuestra sociedad muestran preocupación ante la persecución de los errores profesionales, como por ejemplo la aviación, el tráfico marítimo, la construcción, el procesamiento químico, la sanidad, etc.
Por poner un ejemplo de ello, el accidente de un avión de pasajeros escandinavo en el que murieron 118 personas en el aeropuerto Milán-Linate en 2001 llevó a la condena de cuatro empleados de control de tráfico aéreo por homicidio múltiple.
La tendencia a la criminalización de los errores profesionales en los últimos años ha evidenciado una falta de uniformidad global sobre cómo y dónde se traza la línea entre el error profesional honesto y la criminalización. Esto dificulta mucho la acción coordinada. Como resultado, profesionales de muchos sectores están tratando de "mejorar" a la hora hacer desaparecer evidencias de errores y de no informarlos. "Practicar bajo la amenaza de enjuiciamiento solo puede servir para ocultar errores" (Chapman, 2009).
Ello tiene como consecuencia un detrimento en la cultura de la seguridad antes que un efecto positivo en la misma, puesto que el miedo a ser condenado y ser puesto ante un juez por parte de un profesional tiene como efecto el tratar de interferir con las investigaciones de seguridad independientes y destruye la voluntad de las personas de informar voluntariamente de errores y violaciones en los procedimientos de seguridad.
Con todo, quiero abrir aquí un debate: ¿Hasta qué punto es culpable un profesional, en pleno uso de sus facultades, de los errores humanos cometidos? ¿Merece una condena judicial por el error cometido?
Dejo estas preguntas para la reflexión.
http://www.humanfactors.lth.se/fileadmin/lusa/Sidney_Dekker/articles/2009/sidneyijcjs2009.pdf
https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0925753510002419
http://researcharchive.vuw.ac.nz/bitstream/handle/10063/4746/thesis.pdf?sequence=1







